Dicen que no se requiere talento

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Desde hace algunos meses, me es difícil descartar las publicaciones en algunas redes sociales que buscan exaltar algunos escritos apócrifos dirigidos a resaltar, típicamente, alguna receta para el éxito. Habiendo tenido la oportunidad de aprender un poco de psicología social, de psicología cognitiva y de decisiones bajo riesgo e incertidumbre (en conjunto, behavioral economics), cada vez que una de estas publicaciones aparece ante mis ojos, le dedico un tiempo a analizarla. A continuación, hay un ejemplo:

"10 cosas que no requieren talento".

Se puede encontrar también como ‘10 cosas que requieren cero talento’ (e incluso en inglés). Antes que nada, ¿qué es tener talento? Según la RAE, talento es sinónimo de inteligencia y de aptitud. La tercera definición que se lee allí es esta: Persona inteligente o apta para determinada ocupación. Esto de por sí se complica, porque la definición de inteligencia (capacidad de entender), la verdad, puede ser discutible.

Al leer la lista de las supuestas diez cosas que no requieren talento, percibí que era más una invitación a alinearse con diez comportamientos, en vez de ser lo que indica el título. Si esta es la percepción de la mayoría, lo cual no me consta, vale, un recordatorio no es ofensivo. Pero si somos rigurosos, mi opinión es que el escrito dista bastante de ser cierto. Analicemos la lista:

1. Ser puntual

¿Se puede ser puntual “sin entender”? Tal vez se asume que con poner un recordatorio de las citas en un calendario es suficiente para ser puntual. Creo que para ser puntual se requiere una serie de actos planificados, y hasta un poco de suerte en varios frentes. El caso común actual es que las citas se programan en un calendario sincronizado con una app en un smartphone, y allí se recibe una notificación de cada una para salir a tiempo o, en general, para prepararnos en atenderla. Utilizamos el calendario como extensión de nuestra memoria, pues es sumamente limitada. Al hacer esto, también necesitamos el hábito de registrar las citas. Supongamos que salimos “a tiempo” a una cita. ¿Llegaremos “a tiempo”? No necesariamente, y aquí es donde la suerte juega. No estamos libres de algún percance en el camino o incluso, el salir “a tiempo” no es más que una percepción momentánea; luego nos damos cuenta que quizás necesitábamos más tiempo. Ahora, consideremos el caso contrario: ¿qué haría que una persona no saliera a su próxima cita “a tiempo”? En mi caso, muchas veces he salido tarde a algún compromiso simple y llanamente porque mi atención se quedó en otro tema y se me olvidó esa cita por unos instantes, luego de haber visto la notificación en mi teléfono o en mi computador. Aunque no tengo datos con los cuales soportarlo, creo que muchas personas sufren esto mismo repetidamente. Pienso que para ser puntual sí se requiere talento y hasta suerte como ya he dicho. ¿O será que soy tan deficiente que ni cumplo a cabalidad con este comportamiento que supuestamente no requiere talento?

 

2. Ética de trabajo

(También se puede encontrar como “Ser honesto”).

Hace poco, releí el libro Freakonomics, y creo que nunca se me va a olvidar esto: las personas responden a los incentivos. Pero también respondemos a normas sociales (que algunos podrían decir que son otro tipo de incentivo). Estoy de acuerdo en que la gran mayoría de seres humanos tendemos a decir la verdad; somos honestos. Pero, dependiendo del contexto, ese estado natural puede cambiar y hacernos deshonestos “sin darnos cuenta”. Me refiero al “grado de falsificación” (the fudge factor), un término que utiliza el profesor Dan Ariely para explicar un hallazgo de sus investigaciones sobre deshonestidad: todos los seres humanos mentimos, pero solo un poco. Ese “poco” parece ser el umbral en el cual continuamos sintiéndonos bien con nosotros mismos, aún luego de haber hecho alguna trampa. Las investigaciones de Ariely han demostrado que una de las razones por las cuales somos deshonestos en algún aspecto, es porque la deshonestidad se ha vuelto como una norma social en el contexto donde nos desenvolvemos; es algo considerado “normal”. Así que, en promedio, no necesitamos talento para creer que somos honestos, por cómo nuestra cognición y percepción funciona. Pero para serlo completamente, estamos lejos, y diría que sí requerimos talento. Aquí hay muchos más temas en juego, como las heurísticas y los sesgos cognitivos.

 

3. Esfuerzo

Cuando pienso en las palabras talento y esfuerzo, se me hace difícil separarlas. Me pregunto cómo el autor de este escrito puso “esfuerzo” en esta lista. El ser humano, como la corriente eléctrica, busca entre sus alternativas el camino de menor resistencia. Luego, ¿necesitamos talento para esforzarnos? Yo creo que sí. Y esto no es malo en absoluto; es decir, es bueno que no tengamos que esforzarnos siempre. El término “esfuerzo” puede ser discutible. Lo que primero se me viene a mi pensamiento al leer o escuchar esta palabra es algo netamente físico, algún deportista en competencia, que tiene que perseverar casi de forma anaeróbica para tener probabilidades reales de victoria. Pero, mentalmente también experimentamos esfuerzo. Daniel Kahneman explica ampliamente gran parte de su investigación en su bestseller “Pensar Rápido, Pensar Despacio” cuando utiliza las denominaciones de “Sistema 1” y “Sistema 2” para referirse a un pensamiento rápido/automático y a otro pensamiento lento/analítico respectivamente. El Sistema 1, que casi todo el tiempo está en ejecución, nos ayuda a vivir el día a día, utiliza pocos recursos cognitivos para hacer todo lo que habitualmente hacemos (caminar, conducir, hacer sumas y restas pequeñas, etc.). El sistema 2, por el contrario, entra en juego cuando requerimos hacer actividades no habituales: realizar una multiplicación con números de tres o más cifras, escribir un artículo de investigación, estudiar un concepto complejo,  entre otros. El sistema 2 exige esfuerzo cognitivo. De la misma manera, una actividad física de alto rendimiento requiere que nos esforcemos, no solamente en lo físico, sino también en algo cognitivo: necesitamos la voluntad para hacerlo, lo que a su vez podemos atar con el auto-control. Así que, para esforzarnos pienso que sí se requiere un gran talento. ¿O será que todo es cuestión de incentivos?

 

4. Lenguaje corporal

Este punto, sí que me parece enigmático. Pero voy a asumir que el autor se refiere a que no se requiere talento para tener un adecuado lenguaje corporal; sin el adjetivo, la frase simple y llanamente, no tiene sentido. Pero aún así, ¿qué determina un adecuado lenguaje corporal? Una búsqueda en la web, haciendo un esfuerzo por identificar algunas referencias confiables, me da la impresión de que el lenguaje corporal recomendado es en realidad una lista de movimientos y posiciones corporales deseadas para crear buenas impresiones o para evitar las que podrían ser interpretadas de forma negativa. Luego, la existencia de dichas recomendaciones apunta a que no todos tienen el mismo lenguaje corporal y por tanto, una “ausencia de talento” no lleva al lenguaje corporal adecuado y refuta de alguna manera este punto. Si a lo que el autor se refiere es que el lenguaje corporal es y punto, estoy de acuerdo, pero me suena a una afirmación completamente inocua. No sé nada de lenguaje corporal, nunca me he detenido a estudiar ese tema. No sé tampoco si mi lenguaje corporal es adecuado, sólo sé que de forma automática se manifiesta. Hay otras posibilidades que por brevedad prefiero omitir y sigo pensando que esto es enigmático.

 

5. Energía

Esto también me parece etéreo. La energía no requiere talento... ¿¿Qué?? Tal vez, como en el término anterior, el autor se refería a que hacer las cosas con ánimo no requiere talento; dicho sinónimo aparece en WordReference.com, cuya fuente es el Diccionario de sinónimos y antónimos © 2005 Espasa Calpe. Asumiendo es válida esta equivalencia, sinceramente, no encuentro cómo defender la dupla cero-talento y energía, si no está adherido a algo particular: tener ánimo para hacer ejercicio, tener ánimo para estudiar, tener ánimo para trabajar, etc. Puede que suene bonito. Pero parece no ser cierto. Aquí vuelve Ariely: el profesor también ha investigado qué nos motiva y qué nos desmotiva. Se ha encontrado que uno de los grandes motivadores humanos es aquello que tiene significado para nosotros. Y aunque haya incentivos económicos como recompensa a una tarea (algo que podría tener significado), no es el dinero lo que siempre nos motiva, como usualmente se cree. Así que, si el autor en efecto se refiere a las ganas de hacer algo, tendríamos que preguntarnos si esa atribución de sentido o significado tampoco requiere talento. ¿O será que encontrarle sentido/significado a algunas cosas podría ser considerado un talento? Aquí hay un problema y es que esa atribución no es objetiva. Piense el lector en un fervoroso de alguna religión en comparación con un dxeclarado ateo.

 

6. Actitud

De nuevo, asumiré lo que tal vez quería indicar el autor. Actitud positiva, actitud adecuada ante algún reto, tarea, entre otros. Encuentro que es similar esto al punto anterior de la energía. Asumiré que este término se refiere a lo mismo del anterior, por lo cual, no adicionaré nada.

 

7. Pasión

Es posible que el desconocido autor sea un abanderado de que cada uno tiene preferencias definidas y que toma tiempo descubrirlas. Por tanto, podría argumentar que no se requiere talento para tener pasión. Tal vez, ¿se requiere es tiempo para tener pasión? En todo caso, una de las ramas más interesantes de la psicología, es aquella que estudia nuestra cognición. Diferente al pensamiento económico estándar que asume que el ser humano es un ente racional que cuenta con preferencias estables, la psicología cognitiva ha encontrado vasta evidencia de que ese no es el caso y se atreve a indicar que las preferencias no son estables, sino más bien que son construidas. Esto parece indicar entonces que las preferencias son más un producto de nuestra experiencia y del contexto que vivimos. Así pues, si lo que nos apasiona tiene más probabilidades de ser algo construido que de ser algo por descubrir, no tiene sentido decir que no se requiere talento para tener pasión. El talento parece que construye esa pasión.

 

8. Dejarse entrenar o “estar abierto a ser entrenado”

Mi opinión: depende del entrenamiento. Sí, suena obvio. Hablando de Estados Unidos, ¿puede un demócrata simplemente aprender de un Republicano? Es decir, sin más ni más (sin talento, podríamos preguntar), ¿puede éste aceptar ser aleccionado por su rival ideológico? La evidencia experimental apunta a que no. Estaremos felices de ser entrenados por alguien en la misma línea de nuestras ideas. Y con bastante frecuencia, descartamos las ideas diferentes que tienen otros (esto está alineado con el sesgo de confirmación). Nada extraño, pero a su vez lo es, porque no es nada fácil estar abierto a otras ideas aún con evidencia irrefutable de su veracidad. El adoptar una posición neutral ante algún asunto parece ser una utopía, pero al menos en la ciencia se propone estar siempre abiertos a diferentes perspectivas. Relacionado con este tema, podríamos aludir al sesgo de publicación, llamado también “el problema del cajón de archivo” (file drawer problem) el cual apunta a que investigaciones que no encuentran resultados “esperados” son archivadas, publicándose únicamente aquellos estudios que “sí” encuentran algo significativo. Este tema es importante: hay evidencia de que en efecto, dejarse entrenar sí requiere talento y nos cuesta tanto este talento, que hoy en día varias ciencias sociales están debilitadas por la frecuencia con la cual se indica que muchos estudios científicos podrían ser inservibles. El llamado a evitar este sesgo de publicación en las ciencias sociales creo que habla bastante fuerte de la realidad que vivimos, de que no es nada fácil dejarse enseñar de cualquier asunto o de estar abierto a cualquier tema.

 

9. Aportar un "extra"

Si algunos otros puntos los califiqué como enigmáticos, este los sobrepasa. Quiero dejarme enseñar, así que pregunto: ¿cómo aportar un “extra” no requiere talento? Valdría la pena preguntar ¿qué “extra”? Lo “extra” también es algo bien relativo. Si hablamos de un recurso escaso, se facilita la comprensión del “extra”. Pero, si es algo que abunda, tal vez no tenga sentido hablar de un “extra”. Asumamos que es algo escaso; tiempo, por ejemplo. El autor podría referirse a que dedicar tiempo extra no requiere talento, no requiere un entendimiento de algo. ¿Será cierto? Al respecto, siento que se vuelve más relevante lo dicho sobre la energía y la actitud. Si hay significado en lo que uno hace, creo que es más fácil aportar un tiempo extra. En el caso contrario, creo que aún sería posible dar un extra, pero a un costo altísimo, lo cual desestima la ausencia de talento.

10. Estar preparado

Estar preparado, no requiere talento. Releamos: estar preparados, no requiere talento. ¿¿Qué?? No sé, pero se me ocurre preguntarle esto a un bombero que en 60 segundos tiene que estar listo para ir raudo al sitio donde se presenta una emergencia emergencia; a un profesor universitario, en relación al conocimiento que imparte en sus clases; a un soldado que patrulla en la selva cumpliendo un deber.

Para concluir:

Muchas personas, día a día asumimos algunas cosas y eventos como ciertos, por el simple hecho de que alguna información parcial está disponible ante nuestros ojos y/o oídos. Este tipo de posts en redes sociales parecen ser totalmente bien intencionados y suenan bonito. Pero, la realidad es que hay muchas mentiras que tienen este aspecto y a diario estamos expuestos a ellas. Nuestra cognición es tal que en su estado natural, predominantemente automático, no le dedica muchos recursos de atención a todo cuanto recibe, y aún así, nos permite vivir y desarrollarnos bien en nuestro mundo. En muchos casos, no hace falta poner tanta atención a ciertos aspectos cotidianos y es deseable que así ocurra. Pero en otros, no hacerlo puede costar mucho o hacerlo puede tener unos beneficios extraordinarios.

Le invito a que la próxima vez que aparezca una de estas publicaciones frente a usted, trate de conmutar a un pensamiento más lento, aumentando la atención y en lo posible, planteándose escenarios alternativos. Tal vez haya mucho más que aprender a partir de ese ejercicio.

Anexo: algunos ejemplos de la publicación referida.

http://9gag.com/gag/aPDQGYn/10-things-that-require-zero-talent (algunos comentarios recomendados)

https://www.linkedin.com/pulse/10-things-require-zero-talent-donn-carr

https://www.linkedin.com/pulse/10-things-jorge-mel%C3%A9ndez

https://prezi.com/wjcu0hk9lest/10-cosas-que-requieren-cero-talento/