Ratoncillos estresados, consuelo y su relación con la neurobiología humana

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Para ofrecer una visión más realista del comportamiento humano, uno de los principales insights que las ciencias del comportamiento han incorporado es la importancia que tienen los demás en cómo percibimos y tomamos decisiones en el mundo que nos rodea.

La raza humana es una especie altamente social. De lo contrario, Facebook sería una palabra insignificante para todos. Nuestra historia de evolución ha favorecido el gregarismo por diversas razones, en general relacionadas a las ventajas que supone el pertenecer a grupos para nuestra supervivencia y reproducción.

Entre los beneficios concretos de nuestra naturaleza social está el hecho de que cuando estamos en problemas – reales o percibidos –, probablemente tengamos a alguien dispuesto a ayudarnos. Una de las formas básicas en las que la ayuda puede llegar es a través del consuelo. Por ejemplo, al terminar una relación de pareja o sufrir un fracaso laboral, un buen amigo(a) o familiar puede intentar reconfortarnos escuchando nuestras penas o simplemente dándonos un fuerte abrazo.

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La conducta de consuelo (CC, en adelante) está enraizada en nuestra capacidad de sentir empatía. La CC ha sido observada en muy pocas especies no-humanas (por ejemplo, primates), siendo vinculada a capacidades cognitivas avanzadas (Burkett et al., 2016). Ello hace que nos preguntemos: ¿miembros de una especie (cognitivamente) más simple tendrán la capacidad de sentir empatía y consolarse unos a otros? Y, de ser así ¿qué podríamos aprender sobre nuestro propio mecanismo de empatía?

Para indagar en estos temas, Burkett y colaboradores investigaron la existencia de la CC en una especie particular de roedores: los ratones o topillos de la pradera.

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¿Tiernos, no?

Qué tienen de especial estos ratoncillos? A diferencia de otros roedores, tienen una estructura social monógama y bi-parental, así formando relaciones de pareja a largo plazo y cooperando el cuidado de las crías (¿suena familiar?).

Burkett y colaboradores buscaron responder 3 preguntas:

  • ¿Los topillos de la pradera tienen la capacidad de consolar (CC) a otros miembros de su especie?
     
  • De ser así, ¿es la CC generada por un mecanismo de empatía?
     
  • Nuevamente, de ser así, ¿podemos encontrar correlatos neuronales de la CC análogos a la neurobiología de la CC en humanos?
     

Para ello, observaron parejas de topillos para ver si un topillo (“observador”) consolaba a su compañero estresado (“demostrador”). El estrés del “demostrador” se indujo con leves shocks eléctricos (emparejados a un sonido) yla CC se midió en las lamidas y acicalamiento del “observador” hacia este. Solo cuando el “demostrador” fue expuesto a leves shocks eléctricos (¡estresándolo!), se encontró un aumento en la CC de parte del “observador”. Más aún, la ansiedad del ratoncillo “demostrador” se normalizó debido a este consuelo. Respondiendo entonces a la 1ra pregunta, ¿podemos decir que los topillos de la pradera tienen la capacidad de consolar a otros miembros de su especie? SÍ, se evidenció una respuesta de afiliación natural al roedor estresado, que de hecho calmó su ansiedad.

Para responder a la 2da pregunta, ¿es la CC generada por empatía?, veamos el siguiente test. Buckett y colaboradores evaluaron la existencia de 4 elementos relacionados a la empatía en humanos y otros mamíferos: contagio emocional, emparejamiento de estado, sesgo de familiaridad y diferenciación del self y otros. El ratoncillo pasó el test con éxito (ver Figura debajo).

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Pasemos a la 3ra y última pregunta: ¿podemos encontrar correlatos neuronales de la CC análogos a la neurobiología de la CC en humanos? La respuesta se encontró mirando al receptor de oxitocina (OTR por sus siglas en inglés), específicamente dentro de la corteza cingulada anterior (ACC en inglés) en el cerebro.

En primer lugar, cuando se inyectó un antagonista de oxitocina (OTA en inglés) en el cerebro del “observador”, la CC desapareció. En otras palabras, el OTR es esencial para permitir el consuelo. Además, se vio que entre las áreas cerebrales ricas en densidad de OTR, sólo la corteza cingulada anterior (ACC) se activaba de forma diferencial cuando el “observador” interactuaba con un su compañero estresado. En dicho sentido, los investigadores descubrieron que el OTR, específicamente en la ACC, es clave para que los ratoncillos reconforten a sus pares estresados. OTR y ACC también han sido vinculados a la empatía en los seres humanos, lo que apunta a mecanismos biológicos análogos de consuelo entre los topillos de las praderas y los seres humanos.

Las implicancias de este estudio son considerables. No solo muestra como comportamientos de soporte social (en este caso, consuelo) pueden exhibirse sin requerir de capacidades cognitivas avanzadas. Además, provee evidencia de sustratos neuronales similares entre ratones de la pradera u humanos. Al ser hecho bajo condiciones experimentales controladas y reproducibles, ofrece una oportunidad única que puede ser aprovechada desde las neurociencias y neuroeconomía para entender los mecanismos biológicos causales de la empatía y la CC relevantes para la sana convivencia y bienestar humano.

Jose Arellano

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