Defaults, Efectivos incluso al descubierto.

Nudge, es el término con el cual se refiere a una estrategia sutil que guía las decisiones de las personas en una dirección particular, pero que no restringe otras elecciones posibles ni tampoco impone incentivos (o desincentivos) significativos para esto. Desde inicios de la década del 2000, Richard Thaler (Universidad de Chicago) y Cass Sunstein (Universidad de Harvard) propusieron la adopción de la idea nudge a través de las premisas del Paternalismo Libertario, primero en un entorno académico y posteriormente a todo el mundo a través de su libro “Nudge”. Informados desde las ciencias del comportamiento, los nudges son considerados como una de las innovaciones más relevantes en el diseño de políticas públicas actualmente. Desde entonces, algunos académicos han criticado esta idea llegándola a rechazar de forma general al considerarla poco ética. Una de las razones que sustenta esta posición se refiere a la condición “encubierta” de los nudges. Luc Bovens (London School of Economics) ha expresado, por ejemplo, que los nudges tipo default actúan mejor “en la oscuridad”; otros, basándose en esta misma premisa han indicado que los nudges son manipulativos y que por tanto no deben adoptarse. Esta discusión sobre la ética de los nudges ha capturado la atención de la academia.

Recientemente han sido llevados a cabo varios estudios con el fin de establecer el efecto que tendría la revelación o indicación de los nudges en escenarios concretos. Este es un objetivo pragmático dada la influencia atribuida a los nudges, pero también ayudaría a informar el debate ético que no es menos importante.

George Loewenstein (Carnegie Mellon University) y algunos de sus colegas realizaron un estudio online con el fin de medir este efecto en un escenario médico. Los participantes del estudio debían diligenciar un formulario hipotético de Declaración de Voluntad Anticipada. Cada persona fue asignada aleatoriamente a un grupo con un default específico en relación con dos posibles preferencias: (1) prolongar la vida – default de extensión – o (2) reducir el dolor o sufrimiento – default de alivio. Los participantes también podían optar por delegarle esta decisión a terceros (una tercera opción). Adicionalmente, cada uno de estos dos grupos estaba subdividido con base en otra característica: se revelaba el default antes o después de que el participante eligiera su preferencia. Así, en la primera parte del experimento los participantes expresaron sus preferencias. Posteriormente, en un nuevo formulario, les solicitaron volver a indicar sus preferencias, esta vez sin default alguno, dándoles la oportunidad de cambiar su decisión luego de conocer el default (ver Tabla 1). En resumen, los resultados indicaron que el efecto de los default solo se vio ligeramente reducido al ser éstos revelados, pero esto no afectó su efectividad. Loewenstein y su equipo reconocen que estos resultados deben ser tenidos en cuenta con cautela al originarse de un escenario hipotético, pero es un punto de partida válido.

Otro estudio reciente se concentró en otro contexto. Investigadores europeos liderados por Hendrik Bruns (Universidad de Hamburg, Alemania) le preguntaron a un grupo de estudiantes cuánto estaban dispuestos a contribuir a un “fondo para la protección climática”. Previamente, cada uno recibió €10 para libre destinación y las contribuciones serían entregadas realmente a un fondo encargado de comprar certificados de emisión (de gases como CO2) al Emissions Trading System (ETS) de la Unión Europea. El experimento consideró cuatro grupos de tratamiento según el diseño presentado y un default de €8. Los grupos fueron: default (D), default + revelación de su influencia potencial (D+I), default + revelación de su propósito (D+P) y por último, una combinación de las dos condiciones anteriores (D+I+P). Los resultados de las contribuciones de cada grupo fueron comparados con un grupo de control que naturalmente no contemplaba el default. Primero, Bruns y sus colegas confirmaron el efecto del default, y segundo, no encontraron un impacto significativo en las contribuciones provenientes de ninguno de los grupos que involucraron los develamientos del default en comparación con el grupo que contempló el default únicamente (ver Tabla 2). En otras palabras, la revelación de la potencial influencia del default y/o de su propósito no aumentó ni redujo significativamente la efectividad de éste. Este experimento es importante porque aunque fue llevado a cabo en un laboratorio, las decisiones no fueron hipotéticas y las contribuciones tuvieron un impacto.

Por último, otro estudio reciente liderado por Mary Steffel (Northeastern University) apoya los hallazgos previamente referidos. En siete experimentos que involucraron escenarios relevantes para los consumidores, la revelación de los defaults tampoco impactó su efectividad.

Al parecer, los comentarios de Bovens y de otros al respecto de los nudges son más especulación que realidad. Sin embargo, la evidencia presentada en este escrito está lejos de ser suficiente para descalificar tales apreciaciones. En mi opinión, el debate ético es desproporcionado y ha sido focalizado en el término nudge. Creo que no existen críticas de este tipo de intervenciones previas a la proposición del paternalismo libertario, pero es evidente que estas estrategias no son nuevas (hay defaults en todos lados). Lo nuevo lo ha proporcionado las ciencias del comportamiento, ilustrando una perspectiva más acertada de cómo realmente tomamos decisiones y cuáles son los factores que influyen en ese proceso. Con tal conocimiento, ha sido demostrado que es posible diseñar mejor nuestro entorno. Como lo han indicado Thaler y Sunstein en diversas publicaciones y clases magistrales, el contexto es inevitable; las arquitecturas de decisión son inevitables. Para vivir requerimos contextos, no es posible vivir de forma abstracta.

¿Son los defaults instrumentos indeseables por el hecho de que no siempre seamos conscientes de sus efectos potenciales? Es innegable que los nudges podrían ser diseñados para fines ilícitos o socialmente indeseados y es ahí donde tiene sentido objetar este tipo de estrategias. Pero, generalizar la crítica referida a partir de la abstracción es algo potencialmente dañino, puesto que, entre otras cosas, podríamos dejar de rediseñar nuestro entorno para tener una mayor calidad de vida. Un ejemplo, son los nudges parte del programa Save More TomorrowTM, concebido para que los Estadounidenses ahorren más para su retiro. En la primera empresa en EE.UU que implementó este programa, los empleados que desde entonces se afiliaron a un plan de pensiones incrementaron su tasa de ahorro para el retiro de 3.5% a 13.6% en un poco menos de cuatro años.

La academia seguirá investigando los factores que hacen que estas intervenciones sutiles sean poderosas a largo plazo e incluso el grado de aceptación que tienen, como lo ha venido haciendo el profesor Sunstein. Los estudios descritos van sumando evidencia frente a la revelación de los defaults. Pero, ¿qué ocurriría con otro tipo de nudges? ¿Todos los tipos de nudge deberían ser sometidos a esta prueba “de transparencia”? Creo que pronto tendremos noticias en la dirección de estas preguntas.