Ingenuidad y punto ciego: la irracionalidad en el otro antes que en mí

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Analiza el siguiente enunciado: “El ser humano es irracional”. Esa es una premisa que la mayoría de la gente, probablemente tú incluido(a), suscribe sin mayor objeción. Muchas veces percibimos que el comportamiento de quienes conocemos se encuentra guiado por sus emociones, o que están profundamente sesgados al emitir algún juicio y/o tomar alguna decisión (con sesgos, aquí nos referimos a una distorsión o error sistemático en el razonamiento).

Hasta ahí, todo bien.

Ahora analiza este otro enunciado: “Yo soy irracional”. Esa es otra historia, ahí sí hay más reparos y ya no estás necesariamente de acuerdo, ¿verdad? Pues no eres el(la) único(a) y ello se asocia a una tendencia humana que en psicología social se denomina “realismo ingenuo”. Esta se refiere a la tendencia del individuo a creer que ve el mundo que le rodea de manera objetiva; es decir, que aquello que percibe del entorno, de sí mismo o de los demás, es un reflejo fiel de la “realidad”. Así, nos cuesta darnos cuenta – por ello la ingenuidad – de la naturaleza subjetiva de nuestras propias percepciones.

Lo interesante es que mientras pensamos en nosotros mismos como individuos objetivos, se nos hace fácil identificar y atribuir todo tipo de sesgos subjetivos a los demás. Por ejemplo, la mayoría de individuos reconocen que otras personas probablemente estarán sesgadas al evaluar la inteligencia de alguien físicamente atractivo (googleen efecto de halo), pero creen que su propia evaluación sería imparcial, independientemente del nivel de atracción de la persona que ellos evaluarían.

Otro claro ejemplo son los debates en redes sociales. Cada parte suele considerar su argumento como un análisis juicioso e imparcial del asunto en cuestión, descalificando – con mucha facilidad – ideas distintas a la suya como interpretaciones subjetivas y erróneas. Es en este desencuentro donde se refleja el sesgo del punto ciego del que padecemos: vemos la existencia y operación de sesgos en mucho mayor medida en los otros; en nosotros mismos, no tanto. Como consecuencia, la mayoría de personas suele pensar que es menos sesgada que los demás, lo cual es lógicamente incoherente.

¿Por qué nos cuesta darnos cuenta de nuestra propia subjetividad, y no la de los demás? La psicología cognitiva y la economía del comportamiento ofrecen algunas luces. Estas disciplinas postulan la existencia de dos sistemas de cognición o procesamiento de información en las personas: uno automático (intuitivo, involuntario y rápido) y uno controlado (consciente, voluntario y lento).

El sistema automático es imprescindible porque nos permite tomar decisiones en contextos en los que necesitamos actuar rápido, no tenemos toda la información relevante o la capacidad cognitiva para procesarla. Muchos de los sesgos en el ser humano son producto de las intuiciones o pensamientos automáticos que este sistema genera. Por ello, su operación no es necesariamente consciente y esto impide que los reconozcamos en nosotros mismos. Sin embargo, al observar y analizar el comportamiento de los demás esta dificultad desaparece; la operación del sesgo en el otro resulta evidente.

Las implicancias del sesgo del punto ciego son considerables. Pongamos el caso de los parlamentarios de sus respectivos países. Aquellos con alta susceptibilidad hacia este sesgo son más propensos a pensar que su propio punto de vista es el correcto y quienes ofrecen una visión divergente, pues deben estar sesgados. Ello puede incentivar una falsa polarización que dificulta que se lleguen a acuerdos muchas veces necesarios para realizar una labor eficiente en el contexto de una democracia.

Por otro lado, imaginen que los parlamentarios reciben financiamiento o beneficios de organizaciones sobre las cuales algún día podrían legislar (no hay mucho que imaginar, pues esto sucede en la realidad). Ellos podrían creer firme e ingenuamente que este financiamiento de ninguna manera afectaría sus decisiones. Sin embargo, si les preguntan si el financiamiento podría influenciar las decisiones de otros parlamentarios, la mayoría probablemente aseguraría que sus colegas estarían inconscientemente sesgados a favor de estas organizaciones.

¿Qué se puede hacer? Según Scopelliti et al. (2015), cuando la gente no está consciente de su propio sesgo, es improbable que adopte estrategias que le ayuden a corregir la fuente del sesgo que finalmente influye en su juicio y comportamiento. Así, aunque la evidencia es limitada, se ha encontrado que hacernos conscientes de nuestra propia vulnerabilidad hacia el sesgo del punto ciego nos hace más receptivos a recibir consejos o esfuerzos que puedan mejorar las decisiones que tomamos. En esa línea, los invito a difundir, a discutir sobre este tema y, sobre todo, a cuestionarnos a nosotros mismos, aunque sea un poquito.

Referencias:

Moskowitz, G. (2005). Social Cognition: Understanding Self and Others. New York: The Guilford Press.

Pronin, E., Lin, D.Y., & Ross, L. (2002). The bias blind spot: Perceptions of bias in self versus others. Personality and Social Psychology Bulletin, 28, 369-381.

Scopelliti et al. (2015). Bias Blind Spot: Structure, Measurement, and Consequences. Management Science, 61, 2468-2486.

Jose ArellanoComment