Los antibióticos no son M&Ms: las ciencias conductuales aplicadas a expertos de la salud

¿Cómo se pueden usar las ciencias conductuales para mejorar las decisiones de los expertos en salud, a.k.a. Doctores? 

El invierno, además de traernos un frío insoportable a muchos, es la temporada en la que estamos más propensos a contraer enfermedades como la gripe o influenza (que no es lo mismo que el resfriado común). Entre los infames síntomas que todos bien conocemos, se incluyen: dolor de garganta, congestión nasal, tos y a veces fiebre, entre otros. 

Como respuesta ante el malestar que puede generar una gripe, muchos de nosotros nos ponemos la bata imaginaria de doctor y auto-medicamos con antibióticos “por si acaso” o “para curarnos más rápido”. Que lance la primera piedra quien no se haya auto-medicado. 

Lo que no todos sabemos bien es que los antibióticos no ayudan en NADA para aliviar o curar una gripe. La razón es simple: los antibióticos matan bacterias, no virus, y la gripe es causada por virus. Así, para tratarla (acortar su duración y disminuir síntomas), se podrían tomar anti-virales (¡no antibióticos!) si y solo si un doctor lo considera necesario.  

El problema no termina en la inutilidad de los antibióticos para curar un virus, sino en el perjuicio que su uso indebido genera en la salud de todos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), usar antibióticos innecesariamente contribuye a que las bacterias se hagan más resistentes (¿han escuchado sobre las súper bacterias?), haciendo cada vez más difícil matarlas y así poniendo en grave peligro nuestra capacidad, y la de los demás, de tratar enfermedades infecciosas comunes.  

Ante este preocupante problema es importante que siempre se consulte a un profesional de la salud antes de tomar antibióticos. Sin embargo, aunque expertos, los doctores son humanos y por ello están sujetos – en mayor o menor medida – a los mismos sesgos y heurísticos en la toma de decisiones que los demás. Así, pueden caer en el grave error de recetar antibióticos cuando no es necesario (sobre-prescripción). 

¿Qué podrían hacer las ciencias conductuales para mejorar esta situación? Lo mismo se preguntaron Hallsworth y colaboradores (2016), quienes idearon una intervención para reducir la sobre-prescripción de antibióticos en el Reino Unido. 

¿Qué hicieron? Primero identificaron aquellos establecimientos de salud que más antibióticos recetaban (por cada mil habitantes). Con la mitad de este grupo no hicieron nada (grupo control), pero a la otra mitad les enviaron una sencilla carta que incluía el siguiente mensaje:  

“La gran mayoría (80%) de establecimientos en su zona receta menos antibióticos por cabeza que el suyo”. 

Esta simple frase revela una norma social. A diferencia del egoísta e indiferente hombre económico que propone la economía estándar, el humano real es un ser inherentemente social que usa el comportamiento de los demás como una señal de los que es aceptable y deseable. Así, los investigadores esperaban que esta frase generara una reducción en la cantidad de antibióticos prescritos por los doctores. 

No se equivocaron. Fruto de esta intervención, se calcula que se recetaron 73,406 antibióticos menos durante el periodo del estudio (entre 7 y 9 meses). Más aún, la intervención fue altamente costo-efectiva: costó un aproximado de 4,335 libras esterlinas, y produjo un ahorro aproximado de 92,356 libras en costos de prescripción solamente. 

Estudios como este nos permiten vislumbrar el gran potencial de las ciencias conductuales para ayudar a resolver problemas del mundo real. Soluciones sencillas y baratas (como una carta escrita con insights conductuales) pueden tener un impacto significativo en la salud pública, como se encontró en este caso. Sería interesante ver aplicaciones de este tipo en Latinoamérica, donde mucho se necesitan, pronto. Estemos atentos. 

 

Referencia: 

Hallsworth et. al (2016). Provision of social norm feedback to high prescribers of antibiotics in general practice: a pragmatic national randomised controlled trial. Lancet, 387, 1743-52. 

Jose ArellanoComment