Moral Fiscal y la receta de fiscalización de primer mundo

Desde tiempos inmemorables, la fiscalización se ha considerado como uno de los temas económicos más controvertidos. Desde el inicio de las civilizaciones  ya se consideraba el pago de un “tributo” o impuesto a los señores feudales solo por la mala suerte de haber nacido en lo que era su territorio.  El argumento detrás de los impuestos es tan simple como el deber de los ciudadanos de aportar a su comunidad una parte de su ingreso o riqueza (o en aquellos tiempos tal vez de su buena fortuna) para retribuir a su pueblo del uso o goce de los productos o servicios a los que se tuvieron acceso en determinado periodo. Desde la famosa prima nocte hasta llegar a la tenencia vehicular, las autoridades han recurrido al impuesto para el financiamiento de sus actividades administrativas. En la actualidad, dada la importancia de la recaudación en la economía nacional, organismos internacionales tales como la Organización para el Comercio y Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas (ONU) activamente han emitido en los últimos años, recomendaciones o directrices para países desarrollados y en vías de desarrollo para mejorar sus sistemas de fiscalización y contribuir a una mejor economía a nivel global[1]. Sin embargo estas recomendaciones parecen solo tomar en cuenta el punto de vista de los países desarrollados, asumiendo que los países en vías de desarrollo se rigen bajo las mismas reglas.

El problema comienza cuando las recomendaciones de los organismos internacionales recaen inicialmente en la política económica y el sistema legislativo de cada país. Cada uno tiene que asegurarse de seguir dichas recomendaciones a través de mecanismos que garanticen una óptima fiscalización en su economía nacional. Pero,  ¿qué pasa, por ejemplo con los impuestos internacionales o los famosos precios de transferencia? (famosos como dirían por ahí, en mi pueblo nada más) ¿Qué pasa entonces cuando los impuestos involucran a las autoridades fiscales de dos o más países y que afectan a más de dos economías directa o indirectamente? En este mundo de economías globalizadas, estas preguntas comienzan a tomar relevancia ypareciera que el problema no es tan sencillo como seguir nuestro libro de recetas fiscales, que se basan principalmente en modelos clásicos de fiscalización, sin tomar en cuenta un factor importante que consiste en que la naturaleza de la evasión de impuesto ha ido cambiando a lo largo del tiempo.

Una premisa recurrente en los modelos de fiscalización contemporánea radica en que los individuos actúan con respecto al pago de impuestos respondiendo a dos principios simples: Un individuo estará dispuesto a pagar impuestos dependiendo de la probabilidad de ser sorprendido evadiendo y del monto de la penalización[2]. En otras palabras, asumen que el individuo solo se encuentra motivado por el “miedo” a ser descubierto y al monto del castigo por el acto de evasión. La duda respecto a si estos principios se cumplen surge cuando se comparan las tasas de cumplimiento de dos economías con impuestos similares y se obtienen porcentajes de cumplimiento diferentes. La economía clásica no ha encontrado una respuesta satisfactoria a este predicamento. Sin embargo en las últimas dos décadas, los modelos de economía del comportamiento han arrojado un poco de luz a esta incógnita. A través de diferentes métodos se ha tratado de determinar lo que los investigadores definen como “Moral fiscal”. En este sencillo modelo se sugiere que los individuos están motivados a cumplir con el pago de sus impuestos, no solo por factores pecuniarios, sino también por factores sociales y demográficos.

Algunos autores con más experiencia en el tema son James Alm y Benno Torgler. Su modelo introduce la idea de que factores como la escolaridad, la edad, el sexo, la religión y el ingreso determinan la “Moral Fiscal” de una sociedad, por lo que los modelos de fiscalización deberían de tener contemplados dichos factores para determinar correctamente el modelo de fiscalización más eficiente. La Moral Fiscal se define como la voluntad intrínseca del individuo de pagar impuestos, y en estos modelos se ve determinada por factores socio-económicos y socio-demográficos y por lo tanto, varía de una sociedad a otra[3].

Tomando en cuenta lo anterior, en Alm y Torgler (2006)[4] eligieron dos economías con modelos fiscales y economías similares, pero factores culturales diferentes (i.e., Estados Unidos y España). Con la ayuda del World Values Survey, que es una encuesta que se realiza en alrededor de 80 países a un pool de individuos representativo de cada país, abarcando la percepción de los individuos en temas sociales, económicos y políticos, y con esto, intentan encontrar los factores que determinan la Moral Fiscal de estos países utilizando, preguntas relacionadas directamente al tema de fiscalización, así como aquellas relacionadas con factores económicos y sociales como religiosidad, edad, género, estado civil, nivel de confianza en los organismos legales, empleo, nivel socio-económico, educación, entre otros.  Utilizando información de esta encuesta correspondiente a dos periodos distintos o waves y haciendo un análisis transversal, encuentranque Estados Unidos presenta una Moral Fiscal más alta que en España, especialmente señala diferencias en las variables elegidas como determinantes de la misma como son el nivel socio-económico, escolaridad, grupo de edad, confianza en los sistemas legales, religión y nivel de ingreso. Extiende su análisis al comparar a Estados Unidos con 17 países desarrollados europeos. A excepción de Suiza, Estados Unidos mantiene en general una Moral Fiscal más alta que el resto de los países analizados. Países con niveles de escolaridad, nivel de confianza en sus autoridades,  religiosidad y con un nivel socio-económico bajos, presentan una moral fiscal menor con respecto a Estados Unidos (siendo un país de referencia en este análisis y que presenta un nivel de educación media/alta,  gran religiosidad, nivel socio-económico alto y niveles de educación medios/altos).   

A través de investigaciones posteriores en este tema, Alm, Torgler y otros autores han llegado  a resultados similares con respecto a la relación de la Moral Fiscal y sus diferentes determinantes. Debido a lo anterior yparticularmente a mi experiencia profesional en el medio fiscal, me atreví a explorar este tema en mis estudios de maestría. Me interesaba sobre todo saber si con esto podríamos hablar de una diferencia entre la Moral Fiscal que exhiben los países desarrollados y en vías de desarrollo, específicamente para países como México. Siguiendo una metodología similar a la que Alm y Torgler emplearon y extendiendo el análisis a más periodos de tiempo e incluyendo una mayor cantidad de países (dada la disponibilidad de información con la que contaba) encontré resultados que sugieren consistencia en general con los resultados encontrados anteriormente por otros autores y, particularmente, diferencias entre la Moral Fiscal de países desarrollados y en vías de desarrollo. Específicamente los primeros exhibiendo una Moral Fiscal más alta en todos los periodos de análisis que los países en vías de desarrollo. Estos primeros indicios quizás invitan a empezar a cuestionar aquellas políticas estandarizadas que tanto gustan sugerir los organismos internacionales. Se vuelve más importante aún para nuestro país la implicación de estos resultados, siendo México, por ejemplo, uno de los miembros latinoamericanos más activos en la OCDE, y siendo muy ortodoxa su manera de incorporar de las recomendaciones de organismos internacionales, especialmente en temas fiscales, caracterizándose incluso por casi seguir al pie de la letra cualquier “sugerencia”.

Dada la evidencia que arrojan los modelos de la economía del comportamiento, que oportunamente han empezado a interesarse en temas fiscales, pudiera ser posible que la falta de cumplimiento por parte de los contribuyentes con respecto a estas regulaciones, específicamente en países en vías desarrollo, se deba a que simplemente no reflejan la realidad del país, ni toman en cuenta los factores sociales, culturales y económicos particulares del mismo. México es una economía donde se encuentran diferencias muy importantes a nivel socio-economico (teniendo a millonarios como Carlos Slim y cerca del 50% de población considerada como pobre en la misma economía[5] ).

Entre otras características se encuentran que los ciudadanos no confían en sus instituciones públicas dado el nivel de corrupción que presentan, presentan un nivel de religiosidad alto, nivel de educación bajo y donde los sistemas fiscales solo abarcan a ciertos estratos sociales, dado las altas tasas de informalidad de empleo.  Resulta entonces poco creíble que seguir sistemas estandarizados sugeridos pudiera conseguir el efecto deseado. En este caso, podemos preguntarnos si los sistemas “unitalla” convienen sin más cuestionamiento a países como México. Tenemos que considerar la opción de empezar a invertir un poco más en un traje a la medida o arriesgarnos a dar el botonazo después.

  

[1] Se puede consultar las directrices más recienten de la OCDE en el sitio  http://www.oecd.org/tax/directrices-de-la-ocde-aplicables-en-materia-de-precios-de-transferencia-a-empresas-multinacionales-y-administraciones-tributarias-9789264202191-es.htm y de la ONU en el sitio a http://www.un.org/esa/ffd/documents/UN_Model_2011_UpdateSp.pdf.

[2] Becker G.S.; (1968) Crime and punishment: An economic approach. The Journal of Policital Economy, 76 pp. 169-217

[3] Torgler, B. and Werner, J. (2005). Tax morale and fiscal autonomy: Evidence from Germany. Public Finance and Management, 5(4), 460–485.

[4] Alm, James, Torgler, Benno, (2006) Culture differences and tax morale in the United States and in Europe. Journal of Economic Psychology 27 pp. 224–246

[5] De acuerdo con cifras publicadas por el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en 2015. Para mayor detalle consulta http://www.coneval.org.mx/Medicion/Documents/Pobreza%202014_CONEVAL_web.pdf

 

Isue TovarComment