El puente del miedo (o del amor)

¿Qué tan bien entendemos nuestras propias mentes (y acciones)?

En este post veremos un divertido ejemplo de cómo a veces entendemos tan poco acerca de aquello que subyace a nuestros sentimientos y acciones, y sin darnos cuenta.

Hagamos un breve ejercicio. Imagina que estás de viaje en el campo, haciendo una caminata mientras disfrutas de la naturaleza. Como parte del tramo, pasas por un alto y tembloroso puente colgante. Luego de pasar por el puente, una persona del sexo opuesto – si eres hetero – se acerca y pide hacerte una encuesta sobre tu cepillo de dientes favorito. Al terminar, te ofrece sus datos de contacto (teléfono celular) por si en algún momento te interesa obtener más información sobre la encuesta. Más tarde ese día decides whatsappearlo(a).

Excluyendo la posibilidad de que te apasione el mundo de los cepillos de dientes, ¿por qué whatsappearías? La conclusión lógica à el encuestador(a) te flechó y le escribes para ver qué onda. <3

#OkNo. La verdad es, probablemente, menos romántica y menos lógica, pero más humana: erróneamente atribuiste la activación fisiológica o arousal generado por el miedo y ansiedad al cruzar el puente (causa real) al encuestador(a) (causa inventada). Nadie niega que ahora sientas atracción hacia el(ella), pero no fue por las razones que crees. Tu cuerpo y mente te jugaron una buena pasada.

Exactamente eso comprobaron los psicólogos Donald Dutton y Arthur Aron en su experimento de campo en 1974. Ellos evaluaron a dos grupos de hombres: 1) aquellos que pasaban por un alto y tembloroso puente colgante (con una caída de 230 pies) y 2) aquellos que pasaban por un seguro puente “control” (con una caída de solo 10 pies).

Todos los hombres fueron luego encuestados por una mujer, quien dio su información de contacto para los que tuviesen más preguntas sobre la encuesta. ¿Qué pasó? La mitad (50%) de los participantes que pasaron por el atemorizante puente colgante eventualmente llamó a la entrevistadora, mientras que solo el 11% de aquellos que pasaron por el puente control hizo lo mismo.

¿Qué generó una diferencia tan masiva? Como en nuestro ejemplo inicial, los del primer grupo por error atribuyeron su arousal a la mujer encuestadora, en lugar de a su causa real: el miedo y ansiedad generados por el puente colgante. Lo anterior nos hace cuestionar la fiabilidad de nuestra capacidad de introspección – exclusiva de la especie humana – para identificar nuestras preferencias y motivaciones. En mi siguiente post veremos más ejemplos interesantes al respecto.

Lo que sí queda claro es que invitar a un chico(a) que te gusta a un parque de diversiones y subirse juntos a una montaña rusa no es una mala idea para una primera cita. #Consejodeamigo.

Jose Arellano1 Comment