Sobrepeso y obesidad

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Dos perspectivas

Prácticamente todos hemos escuchado que el sobrepeso y la obesidad son uno de los más graves problemas de salud pública que enfrentamos en nuestros tiempos. Los gobiernos y diversos grupos de interés se han dedicado a transmitir este mensaje de forma constante, con el objetivo de que la gente se preocupe más por su salud. La comunicación de este mensaje es, per se, un tema de investigación muy interesante, ya que es probable que más de un caso nuevo de obesidad o sobrepeso sea adjudicable precisamente a la normatización producida por el mensaje mismo (Ver Cialdini “Normative Messages”). La normatización nos hace pensar que “si todos lo están haciendo, no debe de estar mal” y una conducta indeseada se convierte en una conducta aceptable. Por otra parte, en aquellos grupos que no padecen sobrepeso, el mensaje de que obesidad y sobrepeso son condiciones indeseables puede interactuar con otros elementos sociales como cultura y costumbres, reforzando el estigma hacia las personas con esta condición. Pero dejemos esta discusión para otra ocasión y vamos a hablar mejor de cómo las perspectivas bajo las que se estudia el problema pueden afectar las soluciones al mismo, así como también la efectividad de las mismas. Las dos perspectivas sobre las que quiero discutir hoy son: la economía tradicional y la economía conductual.

 

ECONOMÍA TRADICIONAL

Bajo esta perspectiva, la obesidad y el sobrepeso –visto como un problema de salud pública– comúnmente se explica dando por sentado que las personas carecen de información al momento de tomar decisiones de consumo alimentario, lo cual las lleva a tomar decisiones que afectan su estado de salud y en contra de sus mejores intereses. Esto es un enfoque económico tradicional y las reacciones consecuentes son, entre otras, inundar de información a las personas. Por ejemplo, se crean leyes para que todos los alimentos producidos de forma industrial cuenten con etiquetas con las características del producto: contenido de calorías, grasas, sales, azúcares, etcétera. Con esta información, se supone, la gente sería capaz tomar decisiones alineadas a sus propios intereses. Por supuesto, podemos discutir sobre la relevancia de la información y la facilidad con la que se entiende, los valores de referencia, etcétera. Pero supongamos por un minuto que este no es el problema y que la información es útil, relevante y entendible, lo cual creen, o dicen creer, muchos de los grupos de interés, entre ellos algunos gobiernos.

Entonces, bajo esta lógica -y reforzado por el concepto de balance calórico- al contar con la información necesaria para decidir, se podría asumir que quien padece de obesidad o sobrepeso es porque así lo decidió. Sin embargo, al echarle un ojo a la cantidad de personas con este padecimiento a nivel mundial, se puede pensar que efectivamente es una decisión “voluntaria” pero que tal vez la decisión se debe a que las personas no están al tanto de cómo sus elecciones alimentarias afectan su salud. Por supuesto, también estamos suponiendo que las personas tienen opciones alimentarias disponibles y pueden elegir qué comer. La respuesta del sector público, ahora, sería informar a las personas sobre las consecuencias negativas del padecimiento para su salud, lo cual iniciaría nuevas regulaciones, políticas públicas, etcétera. Desde luego, éste no es la única perspectiva que analiza el problema pero es una de las más comunes.

ECONOMÍA CONDUCTUAL

Es importante mencionar que la economía conductual no debe de ser vista como una sustitución de la economía tradicional, sino como un complemento. Por ejemplo, al explicarse la obesidad como una carencia de información al momento de tomar decisiones, la economía conductual antes de seguir adelante con el ciclo de información previamente descrito, intentará explicar cómo el individuo está procesando la información con la que ya cuenta y proveerá herramientas para hacer esa información más relevante y significativa para el individuo. No intentará proveer más información para evitar la saturación cognitiva. Para esto se basa, entre muchas otras cosas, en la “prospective theory” de Kahneman y Tversky, nudges, etcétera.

¿En qué cambia esta perspectiva? En las soluciones propuestas y en la efectividad de las mismas, así como también en el uso de recursos públicos. Probablemente las herramientas de la economía conductual sean las más costo-efectivas de la actualidad, es decir, con una baja o nula inversión podemos lograr muy buenos resultados. Por ejemplo, como ya he mencionado, se cree que al revelar la cantidad de calorías, grasas , azúcares y otros elementos de los alimentos, la gente tomará decisiones más saludables. Sin embargo, la evidencia es bastante mixta en este sentido y tiende a demostrar que no hay ninguna variación en lo que la gente consume con o sin esta.

información. Investigadores en economía conductual han estudiado este problema y algunos han llegado a la conclusión de que hablar de calorías, simplemente no es significativo para nuestras mentes. Por eso han propuesto una variación a la forma en que se da esta información, tratando de hacerla más tangible y, por supuesto, significativa.

En lugar de explicar que una bebida contiene 500 kcal, “traducen” esas 500kcal en tiempo realizando una actividad física que, se cree, requiere esa misma cantidad de energía. Es decir, su etiqueta propuesta no sólo informa que la bebida contiene 500 kcal, sino que además informa que eso implican “3 horas caminando, 1 hora corriendo a paso medio o 45 minutos en bicicleta” (los números los estoy inventando arbitrariamente sólo para ejemplificar). Esta información realmente le “dice algo” a la gente y, según la evidencia con la que se cuenta, ha sido mucho más efectiva en modificar las decisiones de las personas que sólo la cantidad de calorías. Esto es parecido al ejemplo de las cámaras digitales del libro “Nudge” de Sunstein y Thaler. Si las calorías son trascendentes o no para el control de peso, es también un tema que no discutiré en esta ocasión.

¿Cuál es la implicación en recursos públicos de esto? Los recursos humanos, económicos y de todo tipo, que implican dar más y más información, son muy altos. Además, según la evidencia actual, no da buenos resultados. Al contrario, modificar el encuadre para hacer la información más significativa puede ser de muy bajo costo y mucho más efectivo. Esto nos hace pensar que adoptar un enfoque más orientado hacia los “nudges”, podría crear políticas públicas mucho más eficientes, no sólo en salud sino en prácticamente todas las áreas dela administración pública.