El dúo perfecto economía conductual y la economía tradicional

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En la Facultad de Psicología, UNAM se ha estado fomentando el estudio de las Ciencias del Comportamiento a través de Proyecto ICCE (Integración de Ciencias del Comportamiento y Economía). Dentro de las actividades que realiza dicho proyecto se destacaron cursos extra-curriculares de Economía del Comportamiento impartidos en el mes de Julio en la Facultad de Psicología para alumnos de la UNAM. 

Dentro de los temas a abordar de estos cursos se explicaron algunas “anomalías” que los modelos de la economía tradicional no toman en cuenta sobre la toma de decisiones de los individuos. Dicha evaluación crítica sobre los modelos de la economía clásica generó entre los estudiantes una opinión precipitada, comentando que, si bien los modelos económicos tradicionales no podían predecir la toma de decisiones de los individuos, entonces debían ser descartados, y pensar en generar nuevas aproximaciones y modelos más realistas que encuadren la toma de decisiones. Para cualquier profesor respetable de Economía del Comportamiento esto debe de ser alarmante y un tanto preocupante. Si los alumnos tienen esa idea de la economía del comportamiento, es evidente que algo no está quedando claro.  La solución no es simplemente decir que ese no es el punto de la economía del comportamiento, por ello se le pidió a los alumnos que debían leer de manera URGENTE y un tanto obligatoria un artículo que fue publicado hace unos cuantos meses llamado, “Putting nudges in perspective” escrito por George Loewenstein y Nick Chater, publicado en Cambridge University Press. 

En este artículo los autores empiezan hablando acerca de cómo la aplicación de nudges  en políticas públicas en diversos países ha logrado posicionar a la economía del comportamiento en el centro de las políticas públicas, resaltando las intervenciones victoriosas como las políticas de ahorro para el retiro a nivel mundial a partir del uso de opciones predeterminadas para incrementar el número de personas inscritas en los planes de ahorro para el retiro  (Madrian & Shea, 2001) y como intervención secundaria el uso de aumentos automáticos para promover una tasa de ahorro mayor entre los usuarios (Thaler & Benartzi, 2004).

En las primeras hojas de este artículo uno pensaría que es otro artículo más que expresa su gratitud a las Unidades Nudge. Sin embargo, mientras uno se adentra más en el artículo se da cuenta que ¡¡esto no es así!!. Loewenstein y Chater tratan de transmitir su procupación  por cómo la popularidad de los nudges ha generado una serie de consecuencias sobre la concepción de la economía del comportamiento . Dentro de las diversas implicaciones que puede tener la economía del comportamiento en las políticas públicas, el Nudge es sólo una de ellas; sin embargo, a partir de la publicación del libro “Nudge” los generadores de políticas y diferentes gobiernos alrededor del mundo han adoptado al Nudge como la mejor forma de implementar las ideas y hallazgos de las ciencias del comportamiento en las políticas públicas.

En “Putting nudges in perpective” los autores proponen una tabla donde representas las diversas  bases lógicas que se pueden utilizar de economía del comportamiento para la intervención en políticas públicas:

-   Intervenciones justificadas con bases de la economía tradicional: incluye externalidades e información asimétrica , tales como: impuestos, subsidios y divulgación obligatoria de la información, entre otras.

-   Intervenciones  justificadas con bases conductuales : incluyen internalidades tales como costos de demora y beneficios que las personas imponen en si mismos pero son incapaces de internalizar; las consecuencias de fumar puede ser considerada una internalidad ya que las personas son incapaces en internalizar estas consecuencias para modificar su conducta. Los Nudges son intervenciones con bases conductuales

-   Intervenciones con bases conductuales y de la economía tradicional (intersección entre economía y ciencias conductuales)

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Fuente: LOEWENSTEIN, G., & CHATER, N. (2017). Putting nudges in perspective. Behavioural Public Policy1(1)

En la tabla se puede observar las intervenciones basadas en la  economía tradicional como las externalidades están representadas por la celda A y las intervenciones con bases conductuales o de tipo nudges son representadas por la celda I. El artículo se dedica a describir formas en las que la economía del comportamiento puede intervenir en el campo de las políticas públicas.

En la celda C por ejemplo: pensando en el supuesto en el que se quisiera desalentar una acción en particular, como el acto de fumar. La base lógica de este tipo de intervenciones sería la teoría económica, externalidades específicamente. Sin embargo, se ha reportado que el uso adicional de nudges genera una respuesta más acertada y con mayor impacto en las conductas de fumar.

Consideremos ahora la celda G el cual representa intervenciones dónde la razón fundamental es la economía del comportamiento con variaciones de la economía tradicional, si pensamos en el mismo ejemplo de las intervenciones para desalentar conductas de fumar, a pesar de que éstas son muchas veces justificadas por externalidades, también vemos que pueden basarse en internalidades. No obstante, es importante siempre entender el trasfondo del problema a solucionar para poder generar la intervención que se adecué al mismo, en este ejemplo aunque las bases lógicas para la intervención puedan ser conductuales las intervenciones más efectivas pueden llegar a ser las que se basen en la teoría económica estándar.

La celda G ha sido el punto controversial donde se preguntan los expertos si es justificable adoptar una acción paternalista “dura” por parte de los gobiernos (implementar un impuesto a los cigarros), en vez de adoptar intervenciones justificables únicamente conductual o de tipo nudge (paternalistas “liberal”).

La situación requiere que el proceso de formulación de políticas públicas sea abierto tanto en la adopción de insights de EC como de la economía tradicional y el análisis científico-social.

Por otro lado, nos quedan las categorías intermedias BEH y DEF donde se agregan diferentes dimensiones. En columna BEH, nos representan el impacto de las intervenciones basadas en la economía tradicional, combinadas con justificaciones conductuales mejoradas mediante la aplicación de estrategias de cambio de comportamiento, por ejemplo, utilizando estrategias de framing se pueden mejorar intervenciones enfocadas en la economía tradicional si se implementan en términos de pérdidas (pagar impuestos) o ganancias (subsidio).

Por último, tenemos la fila de en medio de la Tabla 1 celdas D, E, y F;  las cuales contemplan situaciones donde la flaqueza humana es explotada por firmas interesadas en la maximización de sus ganancias. Esta fila incluye, las políticas públicas que respondan a situaciones donde ofertas financieras como, pagos de préstamos, contratos de renta con opción de adquirir, pagos menores al mínimo en tarjetas de crédito; son diseñadas para extraer dinero de individuos imperfectamente racionales y con ataduras financieras.

Chater y Loewenstein argumentan que a la hora de determinar la efectividad de los cambios regulatorios u otras políticas  en función de las conductas de organizaciones y consumidores se debe acudir a intervenciones de carácter híbrido con bases de análisis de la conducta y el análisis económico convencional. Con ésta parte de su tabla taxonómica los autores nos abren otra ventana de posibilidades para la aplicación de la EC en políticas públicas, posibilidades diferentes a todo lo que se ha reportado en los últimos años.  Concluyendo que las ciencias del comportamiento tienen muchas más aplicaciones en el área de políticas públicas además de los tan famosos Nudges.  Adicionalmente, este artículo presenta la forma en la que los conceptos de EC y de la economía clásica pueden ser utilizados de manera conjunta para la generación de políticas.

“El artículo de "Putting nudges in perspective" me impresionó mucho, esto dado la manera de considerar a ambas teorías, EC y economía clásica, dentro del mismo espectro o continuo y así resaltar todas las posibilidades que quedan al conjuntar estas teorías. Lo anterior incrementa nuestras herramientas de acción, todavía hay mucho que explotar de este conjunto.”

                                                 (Conclusión de alumna de Facultad de Psicología)

 

En mi opinión este artículo abre un sin fin de oportunidades para todos los economistas del comportamiento que queremos hacer algo más que un empujón en políticas públicas; además de ser un material interesante en clase para resaltar el hecho de que la economía del comportamiento no pretende en ningún momento reemplazar a la economía tradicional, sino que llegó para complementarla.

Mariana GaytánComment