¿Energía atómica? No, gracias.

En Alemania hay una campaña constante en contra de la energía atómica. La gente pega estampas en sus autos, casas, bicicletas y todo lugar posible, con la leyenda “Atomkraft? Nein, danke” (energía atómica? No, gracias) para demostrar su repudio a esa fuente de energía. Esta campaña, que originalmente inició en Dinamarca en 1975, ha sido tan exitosa en Alemania que el país prácticamente está “libre” de energía atómica.

 

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La gente repudia la energía atómica normalmente por considerarla peligrosa y contaminante. Pero ¿qué tan segura es en realidad la energía atómica? Para responder esta pregunta, como para responder muchas otras, recurrimos normalmente a una “heurística” o “atajo” de nuestro cerebro, conocido como “heurística de disponibilidad”. Esta heurística explica que realizamos juicios sobre la probabilidad de un evento, basados en la facilidad con que un ejemplo, una instancia o caso relacionado vengan a nuestra mente. La facilidad con que estos elementos viene a nuestra mente, están a su vez ligados a su representación y a la carga emocional que contengan. ¿Qué quiere decir todo esto? Nada complicado, simplemente que si podemos recordar un evento con mucha facilidad, porque nos impactó, porque suena en todas partes, o porque nos relacionamos con él, juzgaremos que ese evento puede ocurrir muy fácilmente también, aunque la realidad – o la estadística- nos diga lo contrario.

Por ejemplo, para responder la pregunta ¿Qué tan segura es la energía atómica? Nuestra mente va a Tschernobyl, al terrible accidente que pasó ahí y tal vez a las varias películas y documentales que hay sobre el caso. Con todo el dramatismo de Hollywood y los artículos relativamente recientes sobre la ciudad fantasma que es ahora Tschernobyl después del accidente, la información está altamente disponible en nuestra mente. Esto nos hace juzgar que la energía atómica es muy peligrosa y como nadie quiere un accidente similar en sus ciudades, la mayoría de la gente se opone a ella.

¿Pero qué dicen los números sobre la energía atómica?

Según un estudio publicado en el Lancet por Markandya and Wilkinson en el 2007, la estandarización por terrawatt-hora (TWh) de las muertes por accidentes y contaminación del aire según la fuente de energía, muestra que la energía atómica es, por mucho, la más segura forma de producción energética comparada a la extracción de gas, biomasa, aceite, carbón y carbón marrón.  

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De igual forma, la estimación del número de muertes hipotéticas, a nivel global, que hubieran ocurrido como resultado de la producción de energía de una sola fuente para todo el mundo tomando un solo año (2014), muestran que la energía atómica hubiera sido también la más segura:

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Y en cuanto al impacto que tiene la forma de producción de energía sobre el medio ambiente, también la energía nuclear sería la que menos daño provoca:

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A pesar de todo esto, la mayoría de la gente se sigue oponiendo rotundamente a este tipo de energía (ver figura debajo) y la juzgan como una fuente de energía muy peligrosa. Pero es muy muy probable que gran parte de esta oposición se deba precisamente a la mencionada heurística que es, a su vez, fomentada por los medios.

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No es mi intención convencer a nadie de apoyar la energía atómica. Mi intención es simplemente demostrar la forma en que esta heurística afecta nuestros juicios y nos hace olvidarnos de datos duros que pueden o no sustentar nuestros juicios iniciales. Al tomar decisiones o valorar la probabilidad de un evento, no debemos de perder de vista esta heurística y en caso de que estemos siendo víctimas de ella con un juicio equivocado, idealmente tendríamos que ajustar nuestros argumentos.